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  Carlos Montes de Oca from The H Book 2006 by Darys J. Vázquez Aguiar

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Personal Log   Bitácora personal
For Carlos Montes de Oca, art is a journal revealed, a personal logbook of obsessions. Like a latter-day philosopher, he converts his paintings and drawings into essays on the theme of perfection. Montes de Oca makes his work a poetic counterpoint between his internal world and the existential, philosophical questions that have preoccupied human beings since antiquity.
As symbolic image, the mannequin becomes the protagonist of his creations as emblems of beauty and the past. The whole weight of the artist’s emotion and expression are concentrated in these figures. The mannequins are not always passive, nor do they answer the commanding voice of their creator. They have a soul that gives them life, character and will. They are anonymous characters but we somehow see ourselves reflected in them, or rather, we share their anxieties, despair and misfortune. Montes de Oca places his models in cosmopolitan, timeless settings although the spare simple forms and strong use of reds, blacks and whites are reminiscent of a primal, almost legendary imagery. The mannequin is a symptom of the human obsession with measuring and codifying everything, including the unquantifiable. Montes de Oca presents his mannequin with an ambiguous nature that synthesises both beauty and an anti-aesthetic. He seems to be saying one thing clearly: Perfection can exist only in harmony with its opposite.
  Diario develado, bitácora personal de preocupaciones, es el arte para Carlos Montes de Oca. Como un meditador de su tiempo, convierte sus últimas pinturas y dibujos en ensayos en torno al ideal de perfección. Montes de Oca hace de su obra un contrapunto poético entre su mundo interior y los cuestionamientos filosóficos y existenciales que han inquietado al hombre desde los tiempos antiguos hasta la era contemporánea.
Imagen simbólica, el maniquí se convierte en personaje centro de sus composiciones, en emblema de lo bello y lo perecedero. En ellos se concentra la carga expresiva y emocional del artista. La actitud de los maniquíes no siempre es pasiva, ni responde a la voz de mando de su creador. Un ánima los reanima, les da carácter y voluntad propia. Son personajes anónimos, pero de alguna manera nos sentimos reflejados en ellos, o mejor, compartimos sus angustias, desesperos e infortunios. Montes de Oca sitúa a sus modelos en contextos atemporales y cosmopolitas, aunque la simplicidad de las formas, la economía de recursos y la explotación de los rojos, negros y blancos recuerda una visualidad primigenia, casi legendaria. El maniquí es síntoma de la obsesión humana por medir y codificar todo, incluso lo inmensurable. Montes de Oca lo diseña con naturaleza ambigua, resume en él no sólo lo bello, sino también lo antiestético. Algo parece dejar claro: lo perfecto existe, únicamente si entra en armonía con su contrario.
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