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  Tania Bruguera from The H 03 by Sandra Sosa Fernández

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ESTADÍSTICA EL CUERPO DEL SILENCIO EL PESO DE LA CULPA
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Performance artist, Tania Bruguera stands out as atypical on the 1990s Cuban art scene that was largely dominated by the tangible object as artistic manifestation. The very term ‘performance art’ implies an element of spectacle and entertainment but Tania Bruguera rejects this. She prefers to talk of an ‘art of behaviour’ in which the performance’s original concept, including its rejection of all aesthetic preconceptions, is inevitably affected by whatever conscious or unconscious social signifiers are at work within the particular context. She has said that performance is, “…An aesthetic that arises from ethics, not form. The forms of a performance are established by its particular actions and semantic codes. Decisions about which actions and elements to deploy and which spaces to use are based, not on their visual qualities, but on how effective they might be. Gestures are chosen because they work or at least attempt to…”
Tania Bruguera’s series of performances, Rostros Corporales (Body faces) (1982-93), conceived as a homage to the Cuban-American artist Ana Mendita, became a reflection on emigration and the sense of belonging to one particular place. These works, together with the broadsheet Memoria de la postguerra (Post-war Memeories) (1993) that described the local art scene on the margins of censorship, were a frustrated attempt to transform certain spaces in society towards art. In these works, she uses the concept of power to create an ongoing debate about the very nature of the social body.
Tania’s best-known performances include Lo que me corresponde (What Goes With Me), Cabeza abajo (Head Down), Lágrimas de tránsito ( Transitory Tears) , El peso de la culpa ( The Weight of Guilt), Cuerpo del silencio ( Body of Silence) , Destierro ( Exile), Silencio ( Silence). These all refer to the belief system by which an individual’s personal moral code, actions and reactions are judged within the context of society. The artist selects one gesture that reveals a particular psychological state and repeats it endlessly. Anxiety, guilt, impotence, silence and expiation appear to be her subjects’ mechanisms of reaction. She prolongs each gesture with such painful intensity that the performance takes on an almost sacrificial element. The rational becomes the irrational. Tania goes into a trance-like state, time stands still within her virtual mind space until nothing is left but the place where the ego goes in search of catharsis. This is self-flagellation of mind and body to achieve transcendence…interior thought become automatic gesture and where the observer becomes the judge…physical and mental torture during which time slows down. An individual gesture is transformed into one with collective meaning. Primitive ritual reveals the most hidden corners of our cultural memory and its signifiers. Human conduct becomes a means of understanding society. The call of the early 20th century artistic avant-garde to mix Art with life is renewed in a concept where both are living processes brought together and interconnected by the artists’ consciousness.
  Tania Bruguera es una figura atípica en el arte cubano contemporáneo por su condición de performance artist en un contexto local gobernado por el objeto artístico: los noventa. El término, asociado con performing art, apunta hacia el entretenimiento y el mundo del espectáculo, aunque Tania disiente de tales criterios. Ella se pronuncia a favor de un arte de conducta donde la condición original del performance, su negación a cualquier estética preconcebida, es manipulada en función de la (in)consciente red de significados del imaginario social. En este sentido, el performance es “(…) una estética que parte de la ética no de las formas. Las formas en performance se establecen a partir de las acciones y la carga semántica que éstas puedan tener. Las decisiones de los elementos que se utilizan, de las acciones y los lugares en los que se va a hacer están basadas no en lo que se puede ver, sino en lo efectivo que puede ser. El gesto que puede o por lo menos lo intenta.”
Su serie de performances, Rostros Corporales (1982-1993), fue un homenaje a la artista cubana americana Ana Mendieta que devino en una reflexión sobre la emigración y el sentido de pertenencia a un espacio determinado. Estas obras, junto con el periódico Memoria de la postguerra (1993), publicación que describió la escena del arte local al margen de la censura y gracias a la colaboración de artistas y escritores que vivían dentro y fuera de Cuba, fueron un intento frustrado por transformar ciertos espacios de la sociedad desde el arte. Con estas obras Tania Bruguera convirtió al poder, sus manifestaciones y extensiones en el accionar del cuerpo social, en debate constante de su quehacer.
Lo que me corresponde, Cabeza abajo, Lágrimas de tránsito, El peso de la culpa, Cuerpo del silencio, Destierro, Silencio, son algunos de sus performances más conocidos. Ellos aluden a un sistema de pensamiento donde la práctica ética del individuo, sus acciones y reacciones, es puesta en tela de juicio en correspondencia con la sociedad. La artista escoge un gesto que traduce un estado psicológico y lo repite hasta el infinito. Angustia, culpa, impotencia, silencio, expiación, parecen ser los mecanismos de respuesta del sujeto presentado por Tania. La prolongación de la acción, siempre dolorosa por el grado de intensidad y extensión que emplea la artista en su realización, trastoca el performance en sacrificio. El acto racional desatado acto irracional. Tania yace en trance y el tiempo se detiene en el espacio virtual de su mente. Sólo existe el espacio del yo psicológico en busca de la catarsis. Autoflagelación de la mente y del cuerpo para alcanzar la trascendencia del sujeto. Pensamiento interior convertido en automatismo gestual, donde el observador se transfigura en oficiante. Tortura psicológica y física donde el tiempo transcurre lentamente para quien observa. El gesto individual trasmutado en gesto colectivo. Ritual primitivo que saca a la luz los más recónditos escondrijos de nuestra memoria cultural y su estructura de significados. La conducta humana se torna medio para acceder a un conocimiento de la sociedad. El grito de la vanguardia histórico artística de principios del siglo XX, mezclar arte y vida, se renueva en un concepto donde ambos son procesos vivos e interconectados por la autoconciencia de la artista.
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